El almirante bucea en la isla de Ons, después de haber tocado otros puertos de interés. San Vicente de la Barquera le proporcionó un motivo fotográfico excelente para sus hijas. Una barca solitaria. Las islas Cies, con la playa de Roda, catalogada como una de las más bellas del mundo, le impresionó extraordinariamente. De Oporto se enamoró. Cree que Dios vive en esa ciudad hermosa. Y en Ogrove, la playa de la Lanzada, bellísima, le permitió capturar un instante sepia. Navegar es muy estimulante en verano y él, navegante, lo sabe.