EL FUTURO PARA EL OTOÑO
La tranquilidad de julio, este viento de verano, esconde las sombras de la gente en no se sabe qué lugares de refresco, pero lo cierto es que la invisibilidad se va adueñando de las calles y, entonces, pareces un hombre entre fantasmas. Todos, de pronto, desaparecen.
Algunos, porque no están. Otros, porque, inmersos en un tiempo vacacional desprovisto del compromiso, se hacen los desconocidos. Algunos otros, a los que, porque ya no te topas con ellos en el ámbito laboral, no te atreves a romper su intimidad. Hay individuos que no estaban en la calle, visitantes nuevos que son espectros extraños, marionetas traídas desde las sombras.
Tú mismo eres otro que también quiere pasar desapercibido en una ciudad de provincias donde desvestirse de lo que se es representa una huida. La mente esquiva el encuentro con cualquier perfil humano que te pudiera resultar conocido, te diluirías en el calor líquido del estío derritiéndote en su oceánica apariencia para simplemente desaparecer.
Todo parece tranquilo ahora. El calor detiene el tiempo y lo adensa. Cada paso parece perderse en un túnel de colores infinito, la esperanza de alcanzar un destino existe, pero se ablanda, caes en la trampa inevitable de perderte dentro del propio tiempo. Dejas el futuro para el otoño.






lilian fernandez dijo
Inteligente reflexion, desde luego yo en mi particular contradiccion personal, tan pronto quiero ser invisible como me quejo de sentirme.
Un placer leerte, supongo que es tu niña salud para que la veas crecer.
UN ABRAZO
23 Julio 2009 | 11:06 AM