del tabu y del eufemismo
Un bucólico paseo hacia el Monte Viejo me ha hecho reflexionar sobre la hipocresía. Ayer participé en una marcha hasta el lugar mencionado, atravesando el canal de Castilla por detrás de la vaquería. El caso es que, avanzada la marcha, nos encontramos con la perrera. Mi sorpresa fue que en ella aparecía un rótulo que dice " Centro de acogida de animales". Expresión eufemística que pretende silenciar la antigua palabra que hoy no se admite políticamente correcta: perrera. A estos lugares siempre les hemos llamdado perreras. Habría que preguntar a los animales si el lugar es un centro de acogida o una prisión que limita sus movimientos libres por el mundo (a fin de cuentas los animales son habitantes del planeta). Me salgo del caso concreto, que cada cual se responda. La misión del lenguaje es sintetizar con un vocablo, no con una definición, aquello que se quiere designar.
Lo que me ha hecho reflexionar no es tanto lo sucedido con respecto a este lugar, sino el aumento de eufemismos que se están desarrollando en una sociedad que tradicionalmente hablaba, como el viejo refrán dice, llamando al pan pan y al vino vino, y que, ahora, no se sale del lenguaje políticamente correcto. " A las cosas por su nombre" es tradición del castellano viejo, que, por otra parte, también ha acuñado ese otro regalo del lenguaje que usamos cuando decimos que hablamos en cristiano. ¡Háblame en cristiano!, solemos espetar al que nos habla sin hacerse entender. Por otra parte, nuestros tacos son de lo más explícito del planeta (nos cagamos en la divinidad y en la ostia sagrada, límites no superados por otras naciones).
¿ Qué nos ha pasado entonces?. La proliferación de eufemismos que pretenden salvar la pronunciación de una palabra tabú creo que indica que nos estamos transformando en una sociedad más hipócrita, más del entorno y menos singular que aquella "Spain is diferent". Así, al maestro ya no se le llama profesor; a la criada tampoco se le llama por su nombre, sino empleadas de hogar; han aparecido las amas de casa, como profesión dentificable; personas con síndrome de down en lugar de deficientes o subnormales (que simplemente indica un estado por debajo de lo normal sin ánimo de insulto); la palabra profesión, antes designada para determinados trabajos, se extiende a todos los oficios que no lo son de profesión; o locos que no son locos sino enajenados; si bien tampoco hay putas, como las había antes, sino trabajadoras del sexo o señoritas de compañía; o no se le ocurra a usted referirse a personas discapacitadas, pues, por lo que se exige, hay que decir personas con una discapacidad, lo que implica que, aunque estén discapacitadas para una cosa, no lo están para las demás; tu mujer no es tu mujer, ni tu marido tu marido, sino tu pareja. Sería interminable la lista. Pongamos un etcétera.
Nos hemos instalado en el lenguaje de lo políticamente correcto, una dictadura como otra cualquiera, pero esa instalación no obedece a que las circunstancias tabúes hayan desaparecido, sino a que pretendemos esconderlas con otra definición que parezca más dulce. Pero, sin embargo, no por el uso de la novísima palabra, -no nos engañemos-, dejan de ser las circunstancias como eran (los perros de ayer ladraban con igual melancolía que los de antes). Antes la contrario, las circusntancias están más abandonadas porque, bajo la apariencia de un nuevo nombre, disculpamos preouparnos de lo negativo que pudieran tener. Estoy convencido de que, como diría el refrán, ponemos una de cal y otra de arena, pero las fachadas siguen sobre los mismos cimientos de siempre. Ocurre que no hablamos en cristiano porque las palabras de siempre, que por cualquier razón caen en la marginalidad del tabú, nos sacan los colores y ya no queremos llamar al pan pan y al vino vino. Miramos de lado, no nos enfrentamos a la realidad, y por eso, soberanos que somos, modificamos el lenguaje con el uso. ¿ Por qué habríamos de usar la palabra nosotros para referirnos en conjunto a hombres y mujeres si el lobie feminista ha impuesto que digamos nosotros y nosotras, al mismo tiempo, olvidando la maravillosa capacidad de síntesis del lenguaje?. Ignorantes e ignorantas somos, ése es nuestro pecado, pero, descuide el lector, pronto la palabra ignorancia caerá en tabú. El eufemismo: sabiduría incompleta, pongo por ejemplo.




Brandon (O Algo mas etereo) dijo
Muy cierto querido almirante. Suponer que con eufemizar una palabra para eclipsar su significado es parecido, supongo, a hacer el cover de una cancion, puesto que, el caso es conservar el sentido original, y por mas mariposas que vuelen sobre ella, como dice Quiroga, solo entorpeceran el significado.
23 Mayo 2009 | 07:35 PM