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Erase un vez Elisa, una mujer menuda, guapa, buena, sociable, simpática, érase una vez la historia de un ser que puso los pies sobre la faz de la tierra para hacer en su entorno todo aquello a lo que los seres humanos aspiran, es decir, realizar la felicidad. En el érase una vez de Elisa cabe ver que los humanos podemos alcanzar los sueños si estos entran dentro de nuestro propósito. Sé que Elisa construyó el érase una vez una familia feliz con el empeño de una voluntad férrea, con la renuncia a muchas cosas (no de otro modo puede realizarse tal cosa), mas con la elección de lo que debía ser, esto es, lo que tenía que hacerse real, lo que ella quería que fuera real. Erase la historia de un ser más entre miles de millones, alguien a quien la vida puso en la tesitura de optar por lo bueno o por lo malo. Erase, entonces, que Elisa eligió lo bueno y que, en esa elección, proyectó la inercia de una familia cuyo centro de gravedad era ella, núcleo de un átomo en cuyo derredor orbitaban sus seres más queridos.
La primera vez que vi a Elisa fue en un juicio de faltas donde ella llevaba la Acusación. Entonces no sabía que un día llegaría a ser mi amiga, algo de lo que me siento orgulloso, que compartiríamos momentos buenos, que nuestro tiempo se interseccionaría, que nuestros hijos compartirían juegos y alguna excursión corta por los alrededores de la provincia. No sabía eso, como tampoco sabía que un día desaparecería. Si la presencia conlleva la aparición, la ausencia conlleva la desaparición. Pero toda desaparición implica una separación y una separación, por definición, implica dos posiciones separadas. Dos posiciones separadas supone que podemos recorrer el camino que las une. La esperanza que me sustenta es que la separación de Elisa suponga una distancia salvable, estar ella en otra dimensión a la que un día podremos unirnos.
Durante el curso de su enfermedad ha demostrado que las tesituras más comprometidas sólo pueden enfrentarse desde espíritus fuertes henchidos de voluntad. La última vez que la ví nos cruzamos en la carretera enfrentando nuestras miradas desde la ventanilla del coche. Me sonrió con alegría y luego desapareció, -para mí definitivamente-, perdiéndose en el infinito de una recta vial en cuyo último punto ella tendía ya a la ausencia. La noticia fatal de su muerte, anunciada desde hacía algún tiempo, no me pilló desprevenido, pero la prevención ante un suceso así no te deja insensible.
Por ello digo que érase un cronista que querría escribir un artículo con otro fin, pero esto no es posible. En este cuento hay una princesa que muere y un príncipe desconsolado, mi amigo Arturo, que no puede devolver a la vida, con un beso, a quien tanto quiere. Es un cuento injusto que no merecían ninguno. Ante la tragedia sólo la cabe una respuesta basada en la esperanza. El día del funeral de Elisa imaginé que la iglesia de San Lázaro era una gran embarcación que surcaba el océano del tiempo. Me fijé en el retablo y comprobé, dentro de él, la existencia de un cuadro que refleja una escena de Jesús cenando con algunas personas. Al fondo del cuadro, un ventanuco pintado deja ver la noche y, en ella, un último punto brillante, una estrella, me pareció un punto de fuga por donde Elisa se perdía para brillar en medio de la oscuridad, lo cual, pienso, sólo es una manera de anunciar que la distancia entre ella y nosotros puede resolverse surcando la misma singladura. Tal cosa, para algún día y para todos. Entre tanto, érase una vez un mujer extraordinaria, llamada Elisa, a quien un cronista amigo, la manda un beso. Fin.



QUE TENGAS UN BUEN FIN DE SEMANA COMO SIEMPRE ES UN PLACER TUS RELATOS.
¿Y qué es la distancia?¿ a caso está distante en vuestros corazones?.
Qué sentido es tu post, y como entiendo esa cercanía de la que hablas...
Buen fín de semana.
Anabel.
Hola Guilllermo, sólo quiero felicitarte por tu poema desnuda... y, por supuesto por la carta a Elisa, es un estupendo recuerdo. Estoy trabajando y no puedo leer más, otro rato será. Gracias por compartir tu obra y tu intimidad, un abrazo,
Gracias a ti por pasarte Isabel, y por el elogio que realizas. En este artículo he puesto emoción y las cosas siempre salen mejor así. Saludos