Ensayo sobre la ceguera

 

Como puedes decir padre, que tus ojos no ven.

Su luz está maltrecha ,sus sombras maculares

detrás de sus ventanas....no te dejan mirar con claridad.

 

Es verdad que te duelen los contornos huídos,

es cierto, que cada dos palabras deben sentarse

y descansar,

es cierto.

¡Pero que tus ojos no ven! ...no digas eso padre.

Lo que tú ves con ellos malheridos

ya quisieran los ojos sanos contemplar.

 

Tú miras con esos tus cristales

y conoces la luz,

atisbas las mareas profundas de las cosas

porque es la claridad que emana de tu alma la que mira,

y el amor de tu piel,

y la esperanza de ser eterno una mañana.

 

Como puedes decir que no ves padre,

tú que lo has visto todo

y lo retienes,

y le das su color y su luz, siempre con el tono sagrado

de la retina pura, y luego

cuando cierras los ojos,

y piensas,

y sonríes

por encima del hombro

de las cosas del mundo,

nos dejas tu mirar.

 

Agua recién caída de los cielos,

linfa limpísima sobre tierra quemada.

 

Dios te ha regalado

la ceguera de todos los contornos,

para que sigas viendo

cómo late en el centro del pulso

la amorosa verdad de los misterios.

 

No digas eso, que tus ojos no ven.

 

Penumbras son las cosas.

 

Luz cenital, tus ojos.