En la esquina se sintetiza, excelso,

uno cualquiera de los probables rumbos perdidos,

se tuerce la vida, cansada de su antiguo destino,

convergen dos planos en la arista afilada de la recta,

nuevo horizonte donde la debilidad encuentra apoyo.

¿ Quién no ha besado, apoyándose, en la oscuridad de una esquina?

¿ Qué borracho no ha dejado en ella sus fauces pegadas,

quizás sus dosis de indigerible vómito regurgitado?

¿ Quién no ha encontrado en ella la quietud de un remanso

que nos refugiaba de aquel viento que nos perseguía?

¿ Quién no ha escuchado lo que tras la pared doblada se hablaba?/,

¿ Quien en ella no ha detenido los latidos insoportables del cansancio?/

¿ Quién al cambiar de camino no la ha rozado con el brazo

dejando en su piel la desprendida herida textil de su rastro?

Una esquina, como cualquier cosa quebrada,

deviene frontera que no pertenece al mundo,

éxtasis de la huída, mojón que delimita el espacio abandonado,

toda esquina concentra el poder de un pecho y una espalda,

síntesis de lo que el pasado deja y el futuro toma,

la esquina es un presente, liso como una línea,

que en un segundo se muere y termina.

Poca gente permanece viviendo en esa atmósfera torcida,

-quizás algún vagabundo, quizás algún alma perdida-,

mas el sentido del giro, la gravedad que nos arrastra,

es un instante que se posa, un nenúfar en el lago,

mas un nenúfar que no flota,

tal es la absorción del hombre secuestrado por una esquina,

tal su hundimiento, la génesis de una nueva perspectiva;

es el lugar donde el horizonte establece un nuevo guiño,

pero también el espacio que traiciona al otro de antes que nos había seducido/,

zona de luz y penumbra, zona ecléctica que no se pronuncia,

la esquina no tiene lengua, nunca habla,

quizás se basta de esa fuerza indómita que nos cambia la vida.

Todos hemos tenido muchas esquinas,

hemos doblado el camino del amor tomando otros caminos,

hemos traicionado o nos hemos traicionado a nosotros mismos

olvidando aquel pasado cuya fidelidad prometimos,

nos hemos aburrido del consabido ritual de lo rectilíneo

cuando la sensatez se rendía a la locura de los prohibido,

todos nos hemos dejado trozos de lo que un día fuimos

en aquellas perdidas esquinas que quebraron los senderos perdidos/