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EL ALMIRANTE LITERARIO

Soy almirante y marinero. El maestro es aprendiz. El aprendiz es maestro. La aventura está en el principio y en el fin.

22 Octubre 2008

LA ROSA HUIDA (Poemario con dibujos)

ROSA HUYENDO

Una rosa que se marcha,

que arranca sus raíces de cuajo,

que olvida el sabor de la tierra donde ha nacido,

ha perdido el valor de la memoria.

Una rosa huida es valiente y hermosa

si no ignora que el agua del suelo le daba la vida,

y que una maleta y dos pies andando

ponen el cronómetro de la muerte a bailar su tango,

pues la savia de su historia rociando,

pinta el camino con sus líquidos guijarros.

Una rosa caminando se muere andando,

se marchita uno tras otro con sus pasos,

deja el aroma como la estela de lo navegado.

Una rosa que se escapa no estaba contenta

en el suelo donde hallaba su reposo,

y pide a la vida el consuelo de su pena;

llega un segundo distinto a los otros

que la rosa no resiste la presión del viento ronco,

entonces las manecillas saltan como muelles

y se descompone la rotación del tic-tac que parecía un tesoro....

Una rosa que huye no soporta ser vertical como otras flores que crecen,

se resiste a ese quietismo militar

que le disfraza de soldado en tiempo de guardia.

Una rosa andando rompe con todo,

y sucede que no hay vuelta ni regreso

para quien encuentra el horizonte más hermoso.

RELOJ INFINITO

Erase un reloj infinito,

dulce cuna de la eternidad,

donde el silencio de las horas descalzas

parecía un desierto que nadie podía atravesar.

Infinitud del espacio-tiempo,

nadie abarca el mar externo

donde habitan los sentimientos profundos,

las manecillas en espiral son las margaritas modernas

que con sus dos pétalos deshojan la incertidumbre.

Ella, -la rosa-, ha huido buscando una esencia,

(nadie es más libre que cuando sigue un destino incierto),

las guitarras sin barriga tocan su son nocturno,

da igual que la vida se desgaste

para estas damas que guardan el tesoro que tras la espiral se esconde,

da igual que las guitarras se derrumben,

que las cuerdas pierdan la serenidad que las tensa,

sólo los arcanos escondidos,

esos secretos milenarios de inaccesible aurora,

desvelan el secreto del reloj infinito del tiempo.

La rosa aún no lo sabe.

LA TELARAÑA

La manecilla infinita ha tejido una red de tiempo

sobre los pies de la rosa, ha anclado su destino

a la circularidad eterna que nunca se posa,

dulce de membrillo, miel de mariposa,

telaraña mágica, telúrica sombra,

quietud mistérica, ¡Es esbelta majestad que asombra!

LA FLOR DE LA PACIENCIA

Anida la flor de la paciencia,

sutil hechizo que duerme al tiempo

y en su bálsamo lo acuna

mientras se sucede la espera;

la batalla del guerrero aguarda

no se sabe que incierto paréntesis, sumido en sus corcheas,

liberará a la rosa de la esclavitud que la condena.

El oleaje lento de los segundos se encadena,

la prueba exige salvar la barrera impuesta,

hay una atmósfera de azucenas que pesa,

un hechizo de dulce aroma se posa

y es ese perfume consentido la mar hermosa de la espera.

El camino empieza tejiendo su lengua sempiterna,

serpea tierras, valles, deletrea el aire en cada piedra,

se acerca y se aleja, duerme y despierta,

la aventura caminante es un sortilegio de leguas y leguas.

Rosa huida, ingrávida al tiempo y a sus cadenas,

sabe de su destino, de su aventura lenta,

sabe que todo acaba donde empieza

si se sabe andar con corazón y cabeza.

Inicia el camino hacia el fin,

la rosa tiende a la consecución de su objetivo,

no finaliza el inicio porque su corazón no quiere

asestar a la belleza del camino

la pesada capa de la sombra,

acepta el gravamen lento del interludio

como una corona sagrada y toma su exigencia,

huye de la facilidad insípida de los pasos lisonjeros,

aquellos que hubieran parecido más livianos,

nada grande se construye sin tiempo,

nada ni nadie llega sano tomando el tiempo por sus atajos.



La rosa que huía del pueblo,

esa cumbre de iglesia con hierbas de casas tiradas,

no puede escapar de su tiempo...,

el destino ha tejido su red verde esperanza,

y ella bebe ambrosías hechas deleite.

Saber su misterio escondido,

hallar aquella incógnita que el nacer pedía como un trino

le ha dado la paz que sólo los dioses ceden,

se ha sembrado en un jardín que es un edén que siente;

todo, lo más pequeño, está detenido,

ni espacio ni tiempo, nada puede derrumbar el fervor de la rosa,

su nueva simiente.

La mujer de la ventana espera paciente.

EL BESO DE LA SOLEDAD

Una rosa tuvo la idea de huir,

dejar el pasado arrancándose la espina de su tallo dolorido,

huir para la aventura azul esperanza de un hueco

que la permitiera respirar aleluyas

o sentirse inmensa en el desierto

donde las soledades se besan,

y fue al encuentro del beso de otra soledad

para saber si dos labios solitarios

podían besar igual que los suyos,

si sumar los silencios trae el parto de la palabra,

pero aún es pronto para saber si la rosa sintió nacer un vocablo de su vientre

cuando expelió la ambrosía de su movimiento sobre otra flor.

Se sabrá otro día si se da una oportunidad a la paz.

NO SE SABE SI LA ROSA RENUNCIA

Puede que una rosa renuncie a la casa de la esperanza,

quizás su historia es un desdén humilde y obligado a la ventura,

esa que algunos tienen desde un yo bosquejado de tintes primarios,

pero el ego infantil siempre coge el biberón con la mano

y no soporta compartir el pezón que mana el alimento del amor,

los labios no crecidos siempre se adelantan a la succión inmerecida

y siempre hay una rosa que tiene que contraer el flujo de la savia

para nutrir con su marchitar el crecimiento de los tallos verdes.

La rosa huida acrisola una historia de renuncias sucesivas

que tejen una cadencia dúctil a la resignación,

este paréntesis de tiempo que se cierra con la única luz de la esperanza,

una renuncia nueva abre y cierra un nuevo paréntesis de tiempo indefinible,

y entonces una pasión crucifica los deseos más enraizados en el alma de la flor,/

pero no hay dictadura que contenga los sentimientos profundos de una rosa que huye/,

se ancla la barca en el punto exacto de su destino concreto,

(todas las rosas tienen uno)

y sólo hay que esperar a que el hilo de ariadna,

esa guía espiritual hermosa como la estrella de oriente,

cierre el paréntesis que la renuncia obligada

había aceptado como una espina puesta en el tallo.

ROSA CRUCIFICADA

Una rosa que huye en busca de su horizonte

siempre lleva una cruz que cautiva su movimiento,

hay un dolor punzante cual corona de espinas

que se adentra con el peso de la incertidumbre,

(todas las voces le dicen que no llegará donde quiere)

y puede ser que un lancero extraiga el zumo dulce de su savia

hasta la última gota exprimida del dolor,

-da igual el dolor que se siente

porque siempre llega un tercer día para la resurrección del destino que se quería-/,

hay que esperar a que el santo sepulcro

revele a la rosa el misterio de su función,

quizás nunca nadie lo sepa en compañía de otras rosas,

quizás lo oculto nunca se revela más que en el corazón del hombre que sufre,

quizás la soledad silente exprime sabiduría insoslayable

que eleva el alma de una flor a su resurrección.

Ella no busca la santidad,

ni tampoco la perfección mundana,

para ese viaje no hacían falta las alforjas,

el pueblo arraigaba aquella perfección en la consumación de la hipocresía,

pues todo parecía correcto y limpio,

por encima de la corriente subterránea del cieno.

La rosa no quiere renunciar a su destino,

-es contradictorio huir de los pasos que se toman-,

no quiere ser santa, ni orgullosa de su beatífica bondad,

pero siempre que una rosa se queda sola frente a todos los huecos

no tiene más remedio que alzar la frente,

seguir fototropismos en dirección a la luz.

No se sabe si la mujer espera en la ventana.



ROSA CIEGA

La rosa tiene una venda invisible que no le deja ver el alma de enfrente,

una rosa ciega que no se sabía privada de la luz

y que ha descubierto que necesita un lazarillo,

es un ser trémulo, indefenso en medio de la selva del corazón.

Rosa vanidosa llena de orgullo, tenía los pétalos podridos de hedor,

la savia llenaba el aire de fragancia espesa y no licuada,

ahí radicaba su quietud sumida en el movimiento aparente.

Era un rosa con un granero de palabras hermosas

que hervían las células del aire,

robaban todos los huecos inasibles del silencio,

-esa hermosa compostura de los vocablos ausentes-,

imponían una verdad mayestática que, insegura, era una flecha en busca de un significado/,

nada menos dominable que el poder de una pata de elefante

cuando a su paso hace temblar lo que no estaba dicho.

La rosa quiere mirar mirando al alma,

esa es su voluntad sumida en las sombras nocturnas de la ignorancia,

quiere detener la lluvia del horizonte deshecho en lágrimas que son dardos,

quiere secar ese pozo de pena inmenso donde antes había luz,

iluminar de nuevo el sol inmenso que había permitido la fotosíntesis.

Algo se ha detenido (quietud aparte, lo quedo en un instante alza su movimiento),/

Un destino nuevo pliega lo viejo,

dobla la sábana del error consumado

y se levanta el aire venturoso del nuevo germen de la rosa.,

pero aún es pronto para que vea la belleza de otro alma

cuyos pétalos hubiera imaginado distintos,

el tiempo ha retrocedido a la casilla primera del juego de la oca,

pero la rosa tiene voluntad de abandonar los dados

al azaroso destino de la lucha de sus caras rodando,

quizás la suerte plante su tallo en esa casilla presurosa que proyecta un final venturoso/,

pero es pronto, muy pronto, el quieto reloj no canta sones nuevos,

y la mujer espera en la ventana, sus codos apoya.

ROSA APRENDIZ

Una rosa huida puede aprender,

nadie es un sol estático que expone una eternidad esférica que no se consume,

quizás sólo la quietud es sabia,

el fin cede paso a la parálisis obediente

porque tras el horizonte no se puede andar.

Todas las rosas huidas que andan

componen la procesión de las procesiones,

corriente presuntuosa de vida, puro orgullo,

se expone el narciso a la contemplación de los otros

imaginando que el paisaje o la tierra

no absorben las sales minerales del conocimiento.

El que se mueve va en busca de algo que no posee,

pero la mujer que espera en la ventana es sabia.

FIN DEL LIBRO DE LA ROSA HUIDA. Primavera de 2.005

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Sobre mí

Inmerso en el océano de la literatura navego en estas aguas procelosas, siendo marinero y almirante, corazón y cerebro, alma y cuerpo, luz y sombra, surco poniendo la proa de mi imaginación rumbo al destino que me corresponda, afronto tempestades, y entonces echo de menos la lisura de las aguas, o navego en calma ensoñando tempestades, pero siempre ando entre esta humedad literaria que esponjo leyendo y devuelvo escribiendo, tal es mi inevitable destino solitario. Llevo cuarenta y cinco años viviendo, a punto de cumplir los cuarenta y seis, viejo lobo marino me han hecho los mares, ellos me han construido, no yo a ellos, que nadie se confunda, que ellos escriben por mí y yo les leo, tal es la convivencia al punto armoniosa, aunque aceptada. Si tú también navegas, si sabes lo que eso significa, se bienvenido a bordo, aquí encontrarás el alma de un Almirante literario que no deja de ser un marino en cubierta.
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