Ayer celebramos, en este Templo del Café, el recital poético bajo el lema " Poemas con café" y con la participación de los poetas palentinos entre los que aparezco incluido. Fue un éxito lleno de magia. Luz de velas, pétalos de rosa, una lámpara de luz para leer poemas, sobres de azucarillos rellenos con versos, obra trabajosa de Carlos Prieto, que se repartieron a un público que se distinguió por su religioso silencio contribuyendo a que pudiéramos viajar a la República de las Letras de la mano de las musas. Dejo abajo el reporte del " Norte de Castilla" y luego alguno de los poemas leídos.

CAFÉ SÓLO

Nací entre extraños

en una angosta habitación

con un sabor agridulce

en las miradas de mis semejantes.

Las hojas crujían a octubre -otoño casi ya invierno-

como campanadas de mediodía

y los gatos en los amaneceres

se desperezaban para sus cacerías.

Abandoné corea antes de llegar a ser un niño

para ir a vivir a un barrio sin nombre

a una calle sin infancias en las esquinas

pero marcada por los surcos del cansancio.

Estudié entre catones, mapas y monstruos,

entre rosarios fúnebres y flores virginales y marianas

de nuestra madrastra del mes de mayo y

manos derechas implacables y violentas

que nos inculcaban improperios católicos.

Mantuve eternos soliloquios y controversias

-las más de las veces-

con mi conciencia

para salir del atolladero entre idas y venidas

hacia mi destino incierto.

Me detuvieron y esposaron

me juzgaron y condenaron

acusado reiteradamente del delito

de violar versos y poemas .

Ciertamente sigo siendo un delincuente

y a las pruebas me remito

pues aquí estoy a cielo abierto

desvirgando versos con nocturnidad

y alevosía -

Carlos Prieto Molledo.

SONETO DEL AMOR DE INFANCIA. Guillermo de Miguel

En el amor de infancia que todos perseguimos,

en aquella fragancia platónica que urdía

nuestra infantil coraza de andantes peregrinos,

radica la raíz de amor que se conquista.

Pues si no amaste entonces, si no subiste al guindo

cayendo de sus ramas, si no soñaste un día

a una muchacha bella que tenía contrito

tu corazón de niño, y si antes no vertían

ilusiones tus sienes, ¡Oh ardor impaciente!,

no pidas para ahora lo que ayer te negaste,

que no es la vena fría, sino la que nos hierve,

no es el afán gélido, sino el calor constante,

que ya desde el principio nos deshace la nieve,

lo que impulsa a querer como quiere el infante.