El reencuentro con un poeta puede producirse en cualquier momento. Lorca es uno de mis predilectos, al punto de que le he destinado un anaquel exclusivo en la biblioteca, lugar donde reposan sus libros. Hacía tiempo, sin embargo, que le tenía en el olvido. Todo cambió ayer jueves, un día ordinario. Como siempre, Eva llegó a casa a eso de las nueve menos veinte de la mañana. Venía triste porque había muerto una prima suya, pero se puso enseguida a hacer las labores primeras de la casa. Para consolarla, le sugerí que lo importante no es vivir mucho tiempo, sino hacerlo con intensidad. Entonces me llegó el rebufo del recuerdo del asesinato de Lorca, aquél sacrilegio literario impuesto por la sinrazón de las armas. Me vino a la mente la frustrante privación de uno de nuestros más grandes genios literarios. En tres o cuatro zancadas me llegué a la biblioteca y tomé una vieja antología que conservo. Se trata de un libro desgastado, raído, teñido de amarillo por el tiempo, muchas veces leído y releído. Solía llevarlo de viaje cuando era más joven. Regresé con él a la cocina justo en el momento en que mi café con leche rezumaba ese olor penetrante al albor de la mañana. Comencé a leer en voz alta para Eva. Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas, el romance sonámbulo. En esto se levanta Blanca, la pequeña de la casa, morena de verde luna, gitana donde las haya. Me sorprende leyendo. Mi memoria trabaja de pronto para ella. Estoy en el Romancero Gitano. Recuerdo un poema precioso titulado " Preciosa y el viento". Cuenta el episodio de una niña pequeña que huye de un viento que la persigue con la intención de hacerse con la rosa azul de su vientre. ¡Corre preciosa, corre!. Preciosa corre deprisa a la casa del cónsul de los ingleses. Le dan un vaso de tibia leche y una copita de Ginebra que Preciosa no se bebe. Fuera, el viento furioso y frustrado, las tejas de pizarra muerde. A Blanca le encanta el poema. Quiere leerlo y lo hace. De pronto, recita con su voz de niña. Me resulta conmovedor escuchar su voz inocente leyendo éste poema. Le encanta, lo lee y lo relee; me pide que lo haga yo de nuevo. Leemos otro. Prescindo del tiempo, lo anulo. Me da igual llegar un poco tarde al despacho, pues quiero aprovechar este instante de nuestras vidas en que Lorca, después de un tiempo olvidado, reverdece. Todo se hace delicioso, pero el tiempo exige la vuelta al cole. Son las nueve y veinte, hemos disfrutado de un desayuno histórico, y pienso que tengo que contarlo porque estas cosas no pasan siempre. Tras el día llego a casa por la noche. En este tiempo las niñas suelen leer sus cosas. Blanca me espeta que quiere leer poesía, que quiere leer a Lorca de nuevo. Tomo otro Romancero Gitano más nuevo, ilustrado con dibujos del propio poeta, pero también un libro mío editado hace algunos años por el Grupo Muriel. Le propongo las dos lecturas porque quiero escuchar de sus labios mi poesía. A ella le encanta Lorca, sobre todo la poesía de Preciosa. Mis poemas son más abstractos y más difíciles y no la obligo, si bien lee algunas estrofas. ¡Qué bien suenan en ella, en su caverna inocente!. Nos hemos acomodado en el salón refugiados entre cojines y tenemos también música clásica de fondo. Poco a poco, Blanca se va cansando, pero el poema de " Preciosa y el viento" ya lo lee de corrido, con pasión. Estoy encantado de que esto haya surgido espontáneamente, como una flor. Luego, se va a la cama. Algunas horas después la descubro dormida en la cama de su hermana, lugar donde encuentra refugio cuando tiene pesadillas. Quizás se ha dormido imaginando al furioso viento persiguiendo a Preciosa y eso la ha turbado el sueño. La cojo en brazos y beso a mi preciosa morena gitana, tan pequeña, la devuelvo a su cama. Lorca ha renacido por un día, inmenso ha surgido del pasado, la bala aquella que lo matara nunca lo hizo. Algunos, los grandes, los verdaderos literatos, los verdaderos monarcas, disponen del tiempo eterno porque no pueden morir. Resucitado en el corazón de mi hija, vive de nuevo, ella lo ha hecho renacer frente a un pelotón de fusilamiento, todos cobardes, muertos todos, ellos sí, para siempre.
8 comentarios
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados



cuanto hemos perdido en esa guerra, cuantas plumas buenas nos sesgaron para siempre
ya lo creo que sí, muchas plumas dejaron de volar por la simple necesidad de alimentar el poder de unos pocos, pero ellos están muertos y las plumas siguen en la eternidad del tiempo.
Me ha impactado lo que he leido. Por una parte tu prosa que me cautivo y me obligo a leer de corrido todo el post.
Trajiste a mi mente recuerdos que estaban dormidos. El GRAN Lorca.
Me pregunto al lamentar su muerte y aclaro que toda muerte es lamentable y sobre todo por las circunstancias en que se dio, que si bien esa muerte, nos privo de quien sabe cuantos poemas, escritos, obras teatrales, etc que con seguridad hubiera dado a la humanidad, De alguna forma permitio que pudieramos conocerlo, pudieramos valorarlo en toda su valia y sobre todo que muriendo en una etapa de maxima creación, nos quedaramos con esa imagen del PLUS, de la cuspide, Dicen que para que un gran artista, se convierta en mounstro sagrado debe morir en el pinaculo de su carrera.
En fin me encanta Lorca.
Por ultimo y a riesgo de ser extensa en mi comentario, me encanto la forma como hablas de tu pequeña princesa. Felicidades por permitirles, enseñarles y mostrarles lo bello que es el idioma, lo gratificante que es la poesia y lo maravilloso que es sentir la compañia de un libro.
Recibe un abrazo afectuoso
Lila
Besos Lila por pasarte por aquí invirtiendo la inercia en que hasta ahora solía ser al revés, visitando yo tu blog, me ha encantado tenerte por aquí en plan diferente y sugerirme esa delicia de piropo que supone que mi prosa te guste. Gracias y muchos besos. La literatura nos salvaaaaaaaaaaaaaaaaaaa¡. Besos queridísimos. Guillermo
Los héroes todos, tras su grandiosa hazaña, mueren, para dejar el rastro de su divina presencia humana.
Lorca no fue menos héroe que los que los mitos conocen. Su obra conmueve tanto o más que los más antiguos mitos humanos.
Un abrazo, maestro.
Estoy de acuerdo en lo que dices Alma, el mito lorquiano navega proceloso por las aguas del siglo XX, el más bárbaro de la Historia Humana, pero uno de los más enriquecedores en pensamiento. Hemos resucitado a Lorca entre todos ahora, con este post y me alegro de que el guerrero que hay en ti tenga también la resurrección de Lorca en su seno. Un abrazo.
Cuando era niña siempre tuve dos libros a mano: el 'Libro de poemas' de Lorca y el 'Platero y yo' de Juan Ramón Jiménez. Eran de mi madre. También recuerdo haberme codeado mucho con Walt Whitman y Neruda. Había más, muchos más, pero si cierro los ojos, solamente veo esos dos rodando por las mesas, terriblemente desgastados, casi translúcidas algunas páginas. Puedo recitar de memoria el final de ''Veleta''... 'Las cosas que se van no vuelven nunca, / todo el mundo lo sabe, / y entre el claro gentío de los vientos / es inútil quejarse. / ¿Verdad, chopo, maestro de la brisa? / ¡Es inútil quejarse!'
Lorca siempre nos hará sentir 'en el corazón un vago temblor de estrellas'.
Buenas tardes te desea la vasca mediterránea (jis).
En esos retazos de poetas hay una coincidencia con los que yo recuerdo que me une a ti, vasca mediterránea, veo que bebemos de las mismas fuentes, al menos de las dulces, ya q no de las saladas estando tú en el mediterráneo con memoria cantábrica