Categoría: CAPTURAS DEL OCEANO
10 Noviembre 2009
Una mañana nueva amaneció en la ciudad de papel. La letra “s”, sinuosa en su forma, se levantó triste, pero se desperezó y salió a la calle. El día estaba un poco nublado porque la letra “o” se había desprendido del Sol. Amortiguó la caída aprovechando su colchón circular y como necesitaba jugar, -¡cuán fácil lo tenía!-, se dispuso a rodar como un aro. El astro rey se quedó a medio gas sin la “o“, pero había luz de sobra cuando la letra “r”, un poco más perezosa que las otras, despegó sus labios. A la letra “r” le costaba pronunciarse, -ésta era la manera de despertar que tenían las letras de aquel país hecho de caligrafía pura-, pues había un no sé qué en el arranque que parecía detener su despertar. Errrrrrrrr......, semejaba el motor estropeado de un coche, pero al final siempre lograba pronunciarse a sí misma. La letra “p” llevaba paseando insomne toda la noche cuando la letra “o”, que rodaba despistada, se le pegó. La “p”, mostrándose rotunda, se molestó bastante, pues cuando las letras se pegaban no resultaba fácil que se pudieran soltar, pero, con protesta o sin ella, no le quedó más remedio que caminar junto a la “o“.
La calles de la ciudad de papel eran folios en blanco. Las letras andaban juntas formando fonemas, palabras, frases, o quizás cosas sin sentido, pero muy rara vez ocurría el suceso excepcional del nacimiento de una palabra. Sin embargo, El fonema “po” no estaba bien avenido esa mañana, -pues ninguna de las dos letras había consentido tal matrimonio-, de manera que pidieron ayuda cuando se encontraron con la “r“. Para separarlas, a la “r” no se le ocurrió mejor cosa que tirar fuertemente de la “o”, y entonces las dos se unieron formando el fonema “or”. La letra “p”, muy gentil, -siempre lo era-, fue a agradecer a la “r” lo que había hecho, pero, al darle la mano, se quedó nuevamente enganchada. Ahora, estaban las tres juntas formando el vocablo “orp”
La letra “s”, cansada de su solitaria existencia, se unió al grupo. Tras dar los buenos días de rigor pidió por favor que la dejaran ir con ellas, y como era un poco egocéntrica se puso la primera. Así nació “sorp”, un vocablo que no decía nada y que, más bien, sonaba anodino. Algunas calles más allá, concretamente en la calle de la música, la hermana gemela de la “r” se había unido a la vocal “e”, a la que siempre recurría para formar la nota musical “re”. Venían silbando en sentido contrario sin ningún propósito concreto, pero se sintieron tan ofendidas por ese extraño sonido que conformaba el apandillado vocablo “sorp” que, cuando se encontraron con él, no pudieron evitar dirigirse en estos términos. ¡Pero si no sonáis a nada!, -espetó la “e”, que era una experta lingüista y una de las letras que, por ser de las vocales más necesitadas, todo el mundo respetaba-. El silencio vergonzante se abrió como un abismo, pero la “r” gemela se compadeció de su hermana, involucrada en aquella comparsa fonética que nada decía. ¡Está mi hermana en este grupo! ¿ No lo ves?, -reconvino a su vez a la “e”-. “ No quería molestarte...”, -contestó ésta-, “...pero es que, suena tan mal, que no he podido evitarlo”. ¿ A que no os unís a nosotras con vuestra musicalidad?, -interrumpió la “p”, animándolas-. La “r” gemela tiró entonces de la “e”, sin dejarla reaccionar, y ambas se pegaron a la “p” formando un nuevo vocablo que sonaba “sorpre”.
Debido a la componenda musical esto sonaba algo mejor, cierto, pero no mucho más. La “s” no dejaba de sentirse sola dentro de aquel grupo fonético, sobre todo porque estaba la primera y las demás, y más aun la “o”, no le hacían caso, -ahora pagaba el precio del protagonismo-. No hay peor soledad que la que se siente en compañía. Como la “s” era la letra que construía el plural, había muchas esparcidas por la ciudad; parecían pequeñas serpientes escurridizas a las que todo el mundo recurría cuando quería multiplicar las cosas. Una de las otras “eses” andaba libre y feliz esa mañana. Si no fuera porque aún era muy pronto se diría que estaba borracha, ya que su silueta esbozaba el clásico movimiento en zigzag de los beodos. Andaba cansina, quizás apesadumbrada, y parecía que le costaba moverse. Ya se había zafado de un par de palabras que esa mañana quisieron multiplicarse a su costa, pero el aire no le dio para más cuando la “e”, cansada de ser la última del grupo, la secuestró. Se había formado algo que nadie había escuchado nunca y que sonaba “sorpres”
¡Esto es un rapto!, -protestó con dignidad-; ¡Llamaré a la letra “A” para que arregle este entuerto!. La letra A mayúscula era la reina del alfabeto, la más digna e importante de todas las letras. Cuando otra letra requería su presencia, sólo tenía que gritar y, entonces, un eco inmenso invadía las calles en su búsqueda. Esa mañana aún estaba dormida y tardó en escuchar el eco, el cual se introdujo en sus tímpanos cual zumbido inoportuno. A pesar de que era la reina no podía descuidar sus obligaciones reales, de manera que se levantó, desayunó un tazón de “aes” minúsculas, como hacía cada mañana, y se dirigió al lugar de donde provenía la llamada. La “s” raptada le explicó lo sucedido, y las demás letras fueron explicando todo el proceso. Al escucharlas, la “A” sintió una vibración reconfortante en el estómago que parecía preludiar algo. Siempre que iba a nacer una palabra nueva, como si de una premonición se tratara, notaba algo parecido. De pronto, en una arranque de imaginación propio de ella, -nadie más podía hacerlo en la ciudad-, regurgitó la “a” minúscula más reciente que había desayunado y la pegó al grupo. Había nacido la palabra “sorpresa”, que, aunque melódica al fin, nadie sabía lo que significaba.
Entonces, la reina, transida por una emoción indescriptible, se dirigió al grupo preguntando. ¿ A que no imaginabais que hoy, juntas, por arte del mágico destino, y sin ni siquiera proponéroslo, formaríais una nueva palabra?. ¡Nooooo!, -respondieron alegres-. ¡Pues, desde hoy, ordeno que, a esta sensación placentera de descubrir algo nuevo que no esperábamos, le llamaremos, como homenaje a vuestra palabra, “SORPRESA” . Y así, sin que nadie lo hubiera podido imaginar, nació una palabra nueva en la ciudad de papel. El diccionario, un señor muy sesudo y respetable, la apuntó por orden de la reina.
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23 Julio 2009
La tranquilidad de julio, este viento de verano, esconde las sombras de la gente en no se sabe qué lugares de refresco, pero lo cierto es que la invisibilidad se va adueñando de las calles y, entonces, pareces un hombre entre fantasmas. Todos, de pronto, desaparecen.
Algunos, porque no están. Otros, porque, inmersos en un tiempo vacacional desprovisto del compromiso, se hacen los desconocidos. Algunos otros, a los que, porque ya no te topas con ellos en el ámbito laboral, no te atreves a romper su intimidad. Hay individuos que no estaban en la calle, visitantes nuevos que son espectros extraños, marionetas traídas desde las sombras.
Tú mismo eres otro que también quiere pasar desapercibido en una ciudad de provincias donde desvestirse de lo que se es representa una huida. La mente esquiva el encuentro con cualquier perfil humano que te pudiera resultar conocido, te diluirías en el calor líquido del estío derritiéndote en su oceánica apariencia para simplemente desaparecer.
Todo parece tranquilo ahora. El calor detiene el tiempo y lo adensa. Cada paso parece perderse en un túnel de colores infinito, la esperanza de alcanzar un destino existe, pero se ablanda, caes en la trampa inevitable de perderte dentro del propio tiempo. Dejas el futuro para el otoño.
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18 Julio 2009
7 Julio 2009

Hemos de acentuar lo que merece la pena ser subrayado en nuestras vidas, soslayar nuestras sombras, necesarios contrastes de nuestras luces, hemos de profundizar en lo que verdaderamente somos. Si nos fundamentamos en lo que somos....¿ A quién podremos envidiar?. Una vez que nos reafirmamos en el ser, ya no podemos envidiar. La envidia nace, esencialmente, de no habernos construido por dentro. Entonces, todo logro externo, en lugar de ser admirado, se envidia. Envidiamos porque no somos, porque no hemos llegado a ser. La vanidad innoble (soberbia), así, se presenta como un reflejo de nuestra inferioridad, sabernos no construidos, incompletos, frustrados, pero necesitados de esconder esta carencia.
Hemos de preservar nuestras circunstancias positivas más íntimas, bien seas propias o compartidas con otro. Debemos trazar un círculo protector en torno a ellas, claro de bosque que las mantenga en secreto. El secreto preserva que la energía positiva no se disperse en el ambiente social, sobre todo si éste deviene destructivo o anulador, pues la inercia de las gentes tiende a no creer la verdad de un hecho consumado cuando éste es bueno. La verdad entonces parece mentira, y, porque se quiere que sea mentira, la envidia busca la anulación de lo positivo, borra todo rastro de su fragancia. Socializar lo bueno no siempre tiene el resultado querido. En caso de estar ante una sociedad menos envidiosa, no hacer caso del consejo, pues las alegrías se intensifican cuando se comparten.
Dos seres pueden amarse, siendo diferentes en el carácter, si aman lo mismo. Lo amado, como objeto, precisa una ascesis desde la tierra al cielo, ha de ser contemplado y admirado. Hacia esa sublimación se puede partir desde distintos caminos (todos ellos llevan a Roma), pero, dos seres que se cruzan, lo hacen y se aman cuando sus ojos admiran lo mismo. Su amor es un reflejo de lo que ven.
De modo contrario, dos seres se odian cuando ya no aman lo mismo. El odio es un instrumento odioso de autoconservación.
Escribo como si fuera oído, un eco con sonrisa pudiera oírse al fondo, creo que no estoy solo, después de un día como el de hoy, un desierto de tiempo, que, al fin, ha tenido un oasis, claro de bosque. Todo oasis encierra el mismo sortilegio. Fuera del claro del oasis está el desierto, la ausencia de la verdadera vida, la simple presencia de una invención tan larga como la Historia convencional. Ya estoy fuera de la Historia, y concluyo que mi decisión de no comprometerme en política ha sido completamente acertada.
El amor físico deja la mente clara y limpia, liberada de todas las obsesiones, descarga energética que proyecta el nacimiento del pétalo, paso lento necesario para la construcción de la rosa. No cabe la rosa sin pétalos como no cabe el amor sin entrega.
Dentro del círculo todo queda atrapado. Todo es verdadero porque no puede esconderse, ya que en el círculo no hay esquinas. Lo que el círculo encierra está indefinidamente sometido a su movimiento. Todo gira. Las fuerzas positivas lo hacen en un sentido, y las negativas en sentido contrario.
Las dudas que tenemos, al no resolverse, al estar condenadas a la circularidad se convierten en obsesiones, -el tiempo circular es una condena-. Sin embargo, las fuerzas positivas, los buenos sucesos, se repiten constantemente (aburrimiento).
servido por almiranteliterario
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2 Julio 2009
13 Abril 2009
Progresión del triángulo
el triángulo se construye con los versos.
Sí,
en este
triángulo, el
poema se acota.
Es la frontera de los
dos lados la que excelsa,
se abre creando los ángulos
que acogen o abrazan el verso
que eleva ya al aire lo que expresa.
En esta geometría plana de la forma,
en esta invención rigurosa del espacio
Tres puntos puestos sí exactos en el plano,
tres gemelos, en la mismísima nada aislados
dejan de ser antes tres tristes puntos separados
cuando las líneas rectas traen el ser de los lados
Se hacen vértices los puntos en la nada encontrados
mojones o referentes de lo que acontece en este plano
señeros señuelos, fuentes dulces o los manantiales claros
de ellos, brota la sucesiva quieta corriente de los tres ángulos
El triángulo se hace quietud, estanque en calma, luz del espacio
en, sus afueras, la nada, existe o inexiste, disfrazada color blanco,
nada ya absoluto cero, presencia de ausencia, expresión del hueco,
ligera de equipaje, intangible, deviene existencia sin gravedad o peso
Fuera la nada, fuera el vacío inmenso, la literatura vive en los adentros
Escrito en Aguilar el 5 de octubre de 2.001,
servido por almiranteliterario
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27 Febrero 2009
Ensayo sobre la ceguera
Como puedes decir padre, que tus ojos no ven.
Su luz está maltrecha ,sus sombras maculares
detrás de sus ventanas....no te dejan mirar con claridad.
Es verdad que te duelen los contornos huídos,
es cierto, que cada dos palabras deben sentarse
y descansar,
es cierto.
¡Pero que tus ojos no ven! ...no digas eso padre.
Lo que tú ves con ellos malheridos
ya quisieran los ojos sanos contemplar.
Tú miras con esos tus cristales
y conoces la luz,
atisbas las mareas profundas de las cosas
porque es la claridad que emana de tu alma la que mira,
y el amor de tu piel,
y la esperanza de ser eterno una mañana.
Como puedes decir que no ves padre,
tú que lo has visto todo
y lo retienes,
y le das su color y su luz, siempre con el tono sagrado
de la retina pura, y luego
cuando cierras los ojos,
y piensas,
y sonríes
por encima del hombro
de las cosas del mundo,
nos dejas tu mirar.
Agua recién caída de los cielos,
linfa limpísima sobre tierra quemada.
Dios te ha regalado
la ceguera de todos los contornos,
para que sigas viendo
cómo late en el centro del pulso
la amorosa verdad de los misterios.
No digas eso, que tus ojos no ven.
Penumbras son las cosas.
Luz cenital, tus ojos.
servido por almiranteliterario
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20 Febrero 2009